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Esta semana volví a ir la laguna, pero esta vez por otro camino. Subí al cerro y llegué a un sector que en mi primera visita había pasado por alto. Ahora pude darle más atención y descubrí que tenía mucho más potencial que el lugar donde estaba trabajando antes. El emplazamiento anterior estaba en un espacio muy público, donde era difícil generar una distinción clara entre lo colectivo y lo privado. Esa condición me complicaba mucho el desarrollo, y fue una de las razones principales para cambiar de sector y trasladar el proyecto hacia la calle de arriba que me ofrecía mejores posibilidades.
La gran ventaja de este sector son las vistas, pues desde la altura se puede ver prácticamente toda la laguna, a partir de esta observación llegué a la idea de trabajar con vistas enmarcadas y a aprovechar la pendiente como un nuevo desafío.
En base a esto pensé el proyecto en dos niveles: uno para las actividades colectivas, como el taller, la cocina y el comedor y otro nivel para lo más individual.
De este recorrido salió una primera organización muy esquemática en planta.
El día martes también tuve una corrección con el profesor. Más que corrección, fue una conversación sobre la idea general, ya que todavía no tenía la maqueta desarrollada al 100%. Entre lo que me dijo a mí y a una compañera que estaba al lado, nos comentó que quizás no era buena idea empezar directamente por la planta, sino que primero deberíamos enfocarnos en lo espacial y después de eso, adaptar los espacios interiores a esa forma ya definida.
Con esas observaciones me quedó más claro que puedo fortalecer el trabajo con la pendiente y dejar que sea parte esencial de la propuesta.


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